Ni una palabra. Lo último de Harlan Coben en Netflix

Ni una palabra es la nueva serie que Netflix estrenó el viernes 22 de abril basada en una novela de Harlan Coben. El escritor, nacido en Nueva Jersey, llegó a un acuerdo con Netflix para adaptar 14 de sus bestsellers, cada uno de ellos rodado en un país diferente y en esta ocasión le ha tocado el turno, de nuevo, a Polonia.

De este modo quiere volver a repetir los éxitos conseguidos con sus anteriores adaptaciones: la inglesa No hables con extraños, la polaca Bosque adentro, a la que siguió la española El inocente, la francesa Por siempre jamás, y la más reciente estrenada el último día del 2021, Quédate a mi lado.

Esta vez nos trae un drama familiar lleno de secretos y giros sorprendentes, Ni una palabra. Algo bastante habitual en las novelas de este escritor. Pero como novedad, la historia no nos va a llevar a un oscuro pasado sino que se va a centrar en un tema inquietante: ¿Conocemos realmente a nuestros hijos?

Ni una palabra. Un género que funciona.

Esta semana hemos conocido los datos nada halagüeños de la plataforma más popular. Después de 10 años, Netflix ha cerrado el primer trimestre del 2022 con una pérdida mundial de 200.000 suscriptores. Pero eso no es todo, la perspectiva para el segundo trimestre habla de 2 millones de usuarios menos. Algo que ha provocado la caída en bolsa de sus acciones un 40%, y ha obligado a uno de sus inversores más importantes a abandonar el barco.

Con esta marejada, la compañía de streaming sigue apostando por llevar a sus suscriptores series y películas de calidad, y esta semana nos han traído Ni una palabra, una miniserie con uno de los géneros que mejor funciona en Netflix junto con las telenovelas (solo hay que mirar lo más visto semana a semana para darse cuenta de eso), y que ya se encuentra en el top ten de lo más visto.

Volvemos a encontrarnos con una miniserie corta con una historia atrapante que se va desarrollando poco a poco dejándonos caer nuevos descubrimientos que van construyendo una trama de esas que te mantienen pegado a la pantalla hasta su final.

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¿Sabes quién es?

Algo que recientemente hemos visto con otra miniserie estrenada en el mes de abril y que se encuentre en el top ten de los más visto en la plataforma: Anatomía de un escándalo. Aunque en esta ocasión la trama va por otros derroteros, Netflix vuelve a aplicar la misma fórmula para captar la atención del espectador.

Al éxito de Ni una palabra contribuye su duración, seis episodios de menos de una hora cada uno, lo que hace que sea una buena opción para hacer un maratón con ella. De hecho está concebida para una visualización en un corto espacio de tiempo, para que no te pares a pensar y veas los pequeños fallos que tiene, y también porque de ese modo es más fácil seguir sus giros y no perderse.

Ni una palabra vuelve a jugar con la mente del espectador, algo muy habitual en las novelas de Corben, convirtiendo una historia sencilla en un complicado puzzle donde las piezas irán encajando conforme la historia avance. Y por supuesto, veremos que nada es lo que parece incluso en sus últimos minutos.

Un drama familiar con sorpresas

Ni una palabra nos lleva a conocer a la familia Barczyk, una familia de clase media/alta que tiene una vida tranquila. Anna (Magdalena Boczarska) es doctora y Michal (Leszek Lichota) trabaja para una compañía de seguros. Tienes dos hijos, Adam (Krzysztof Oleksyn) un adolescente de 18 años; y Ola (Dominika Krzeminska).

ni una palabra

Esta tranquilidad empezará a quebrarse cuando Anna empiece a sospechar qué algo le esta sucediendo a Adam. Hace solo un mes su mejor amigo, Igor, se suicidó. Anna piensa que su hijo esconde algo que tiene relación con este trágico suceso y su desconfianza no hace más que creer.

Todas sus dudas se harán realidad cuando Adam desaparezca de forma misteriosa sin dejar rastro. En ese momento Anna y Michal empezarán a buscarlo contando con la ayuda de la novia del joven y varios amigos. Pero la desconfianza de la mujer irá en aumento, convencida de que todos ellos saben algo sobre la desaparición de Adam.

A todo eso se une una serie de asesinatos a los que la policía está dando prioridad por encima de la desaparición del joven, ya que piensan que se trata de una huida temporal y que pronto el joven regresará.

Pero Anna no se detiene, y seguirá sus propias pistas para saber qué ha sucedido realmente con su hijo. Todo ello amparándose en la frase: Tengo que protegerle. Un mantra que se repite para justificar el hecho de que invada su privacidad. Como podéis ver se trata de tema complicado, ¿dónde está el límite en esas situaciones? Y más cuando el propio Adam le pide que confíe en él. Pero Anna sabe que algo no va bien…