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Matrimillas (2022) Película argentina de Netflix.

Netflix estrenó el 7 de diciembre la película argentina Matrimillas. Un drama cómico dirigido por Sebastian de Caro, sobre una historia creada por Gabriel Korenfeld, con la colaboración de Rocío Blanco. Está protagonizado por Luisana Lopilato y Juan Minujín, un matrimonio con dos hijos que ha caído en la rutina y los reproches.

Todo eso parece que va a cambiar después de que conozcan el exclusivo y carísimo Equilibrium, una app que promete llevarles a descubrir el verdadero amor y experimentar la felicidad de una relación en pareja. Ambos decidirán probarla en un intento de salvar un matrimonio que empieza a hacer aguas.

Matrimillas. El verdadero amor.

Belén y Federico son un matrimonio de lo más normal. Llevan casados unos años y tienen dos hijos. El es dentista, un trabajo por el que no siente ninguna pasión pero que continúa por no romper la tradición empezada por su abuelo. Ella tiene una pequeña tienda de juguetes artesanos que codirige con una amiga.

Con el paso de los años, su matrimonio se ha convertido en una relación convencional donde ambos se limitan a estar juntos. Lusiana pide más compromiso a Juan que parece vivir al margen de toda responsabilidad. No se puede decir que la pareja esté en crisis, pero en esos primeros minutos en que nos muestran su vida, podemos intuir que eso podría llegar.

De hecho, por ese motivo deciden seguir la recomendación de la hermana de Belén y su cuñado, que tras una cena excesivamente ‘dulzona‘ les ofrecen el verdadero secreto de la felicidad en pareja: Equilibrium. Se trata de una exclusiva asociación que así de primeras no genera mucha confianza. Pero ambos deciden ir a visitarla, así que está claro que saben que necesitan ayuda.

Matrimillas

¿Y qué es Equilibrium? Además de ser una especie de club carísimo, es una app que registra mediante un reloj de pulsera los niveles de felicidad de ambos cónyuges. Cuando uno de los dos haga feliz al otro, este recibirá millas por su gran trabajo. Y lo mejor, esas millas se pueden cambiar por regalos.

La utopía de la felicidad.

Matrimillas es una comedia que se basa en algo que es muy real: la rutina en que poco a poco se va convirtiendo el amor. Esos primeros días en que queremos sorprender a nuestra pareja mostrándole nuestro mejor lado, van dando paso a una monotonía donde ya no hay que demostrar nada porque ya nos conocemos. O eso pensamos.

Belén y Federico, en realidad, no se conocen tanto como creen. Ninguno de los dos sabe cual es el gran sueño del otro. Para Federico, cocinar es su gran pasión pero lo mantiene oculto a su esposa incluso cuando tiene la posibilidad de que su sueño se haga realidad. Por su parte, Belén tiene la ilusión de emprender un viaje que le lleve a lugares exóticos y lejanos.

Está claro que la convivencia no es sinónimo de conocerse, y en Matrimillas eso nos lo van a dejar muy claro desde el principio. Ese reloj que promete experiencias para hacer en solitario, sin su pareja, los pondrá a prueba y entraremos en una comedia donde la rivalidad por superar al otro será la tónica de la película.

Matrimillas

Esa obsesión por las millas les llevará a pasar de una relación de convivencia monótona a una explosión de muestras de afectos y detalles con tal de hacer feliz a su pareja y así obtener las preciadas millas que harán realidad sus ilusiones. Y esto nos hace lanzar al viento una pregunta, ¿el verdadero amor es uno mismo?

Si hacemos caso a lo que veremos en Matrimillas parece que la respuesta es un rotundo SI. Todo lo que hacen el uno por el otro es simplemente buscando ese sueño que ambos piensan que les dará felicidad. Entonces, están fingiendo… Bueno, la mismísima propietaria de Equilibrium, Milán (Cristina Castaño) les dice al conocerlos que la vida en matrimonio es en realidad eso. Y si te paras a pensarlo tiene cierta lógica.

Matrimillas nos trae en clave de comedia una realidad que no es nueva. Además, con su final nos dejará una reflexión para todos aquellos que quieran mirar más allá del lado cómico que nos plantea lo que supone hacer feliz a alguien cueste lo que cueste, y sea como sea. Damos por que esperamos recibir algo a cambio, no por el hecho de que dar nos haga felices.