La Edad Dorada. Temporada 1. Episodio 8.

Martes y tenemos disponible en HBO Max un nuevo episodio de La Edad Dorada, el número 8 ya. Y he de decir que ha sido uno de los más interesantes de casi todos los que llevamos vistos. Llevábamos varios episodios viendo varias tramas que poco a poco iban tomando forma, buscando su camino, y en este hemos asistido a grandes revelaciones y al desenlace de una de ellas.

En el episodio anterior vimos como las cosas se complicaban para George Russell (Morgan Spector). Su implicación en el accidente ferroviario podría llevarle a la cárcel mientras Bertha sigue más pendientes de su particular lucha por ser aceptada entre la creme de la alta sociedad neoyorquina de la época. Esto provocó el primer enfrentamiento entre el matrimonio, aunque no pasó a más.

Por otro lado la joven Marian Brook (Louisa Jacobson) se quedó preocupada al ver que Tom Raikes (Thomas Cocquerel) asistía al evento del encendido de luces del Times, mientras ella permanecía en casa con sus tías. Su cara lo dice todo sin necesidad de hablar en una escena del episodio anterior de La Edad Dorada: ella mirando por la ventana y volviéndose para ver a sus tías sentadas en el sofá.

La señorita Turner (Kelley Curran) fue despedida, pero antes de dejar la casa de los Russell, hizo una visita al dormitorio de George donde volvió a insinuársele. Al despedirse, ella sugirió un posible reencuentro. Como vimos, no está dispuesta a abandonar la casa sin antes sembrar la incordia, algo muy habitual en ella por su carácter. Así que antes de irse le enviará una nota a Bannister (Simon Jones) donde le revelará el nombre de la persona que informó a Agnes de que él estaba ayudando a la señora Russell en el servicio del almuerzo ofrecido al señor MacAllister (Nathan Lane).

Pero todo lo anterior se queda pequeño después de ver este nuevo episodio de La Edad Dorada, donde por fin descubriremos el trágico secreto que hay en la vida de Peggy.

Sólo los análisis de series contienen spoilers. El resto de artículos no tienen spoilers.

La Edad Dorada. Temporada 1. Episodio 8.

George Russell en una vista preliminar y Bertha Russell en Newport.

Solo nos quedan dos episodios para llegar al final de la primera temporada de La Edad Dorada, y las tramas que hemos ido conociendo empiezan a animarse. Y uno de ellos parece solucionado. Nos referimos al grave problema por el que está pasando, casi en solitario, George Russell. Los abogados y detectives que tiene contratados no han encontrado nada para librarlo de asistir a una vista preliminar donde se determinará si habrá un juicio contra él, cosa que parece muy probable.

Lo peor es que todo parece indicar que el juicio casi seguro al que se va a enfrentar George tendrá un veredicto de culpabilidad en su contra. Mientras tanto, Bertha (Carrie Coon) sigue con los preparativos del baile de debutante de Gladys. De hecho, todo se tiene que hacer tal y como ella quiere. Ha elegido hasta el vestuario de los acompañantes y el de la propia Gladys (Taissa Farmiga). Como podemos ver es una mujer a la que le gusta tenerlo todo bajo control.

Ni siquiera la sombra de la posible entrada en prisión de George la detiene ni aleja de su objetivo principal. Por eso no dudará en dejar solo a su marido en esos momentos tan decisivos, para irse a pasar diez días en la casa de verano que el señor McAllister tiene en Newport. Su idea es ver aquello para buscar un posible lugar donde tener su propia y exclusiva casa de vacaciones.

la edad dorada

Además, este viaje a Newport le abrirá las puertas para conocer a algún personaje de la alta y elitista sociedad neoyorquina. Como era de esperar, la joven Gladys la acompañará, y su hermano Larry (Harry Richardson) también pasará allí unos días acompañado de Oscar (Blake Ritson), que no pierde el tiempo y está decidido a ejecutar su plan de casarse con la progenitora de los adinerados Russell. Pero, Oscar no contará con un pequeño imprevisto que va a complicarle su ambicioso proyecto.

Bertha Russell está disfrutando de su estancia en aquel precioso lugar, pero nunca descansa por conseguir su ascenso. Así que mientras está allí intenta llevar el tema de conversación a la señora Astor y su lujosa casa. Ella todavía no ha llegado a su lugar de vacaciones, por lo que el señor McAllister sugiere hacer una visita rápida a la mansión para que Bertha pueda verla y así saciar su curiosidad.

Esto provocará un momento realmente humillante que dejará muy tocado el orgullo de Bertha. Mientras se encuentran en la casa, la señora Astor aparecerá y se verá obligada a salir por la puerta de atrás. Sin duda un duro golpe para sus ambiciones, resultando que tiene que esconderse y huir como si fuera un vulgar ladrón.

Pero volvamos a George y el momento tan difícil por el que está pasando. Sus abogados y detectives seguirán buscando algo a lo que aferrarse para defender la inocencia de su cliente, pero esta llegará de la forma más inesperada: por medio de Marian. Por mera casualidad, la joven coincidirá en una tienda con el cómplice del verdadero culpable y por descuido, se dejará un objeto olvidado allí. Esto hará que la joven se presente en casa de los Russell a devolvérselo.

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Será de este modo como George Russell descubra la verdad de quien está detrás de todo, y no dudará en desvelarlo el día de la vista preliminar. Y de esta manera será como consiga ser declarado inocente y su honra se reestablecerá. Un momento realmente intenso donde podemos ver a un George de carácter determinado y muy seguro de sí mismo. Y también que es una persona que no perdona una traición: quien se la hace, la paga.

Trágicos secretos.

En este octavo episodio de La Edad Dorada, vamos a conocer dos trágicos secretos. Uno de ellos tiene que ver con el joven Jack (Ben Ahlers) que empezará a pedir permiso para poder librar las tardes mientras abandona la casa con un ramo de flores. Esto hará sospechar a Bridget (Taylor Richardson) de que tiene a alguna chica a la que corteja. No sabemos si se siente un poquito celosa o no, pero el caso es que acaba siguiéndolo para descubrir quien es ella, y lo que se encontrará es algo que no espera.

La verdad es que la gran mayoría de personajes de La Edad Dorada tienen tras de sí un pasado trágico, la propia Bridget nos desveló en el episodio cuarto el infierno por el que tuvo que pasar cuando era solo una niña. También la doncella de la señora van Rhijn, la señorita Amstrong (Debra Monk) tiene una vida fuera de la casa que es poco dichosa. Y esta vez conoceremos el pasado del ayudante de cámara, Jack.

Pero el secreto que nos va a dejar realmente impactados va a ser el de Peggy Scott (Denée Benton). La joven ha sabido mantener su pasado oculto y solo ha hablado de él con su abogado Tom. Pero por una mala jugada del destino, una carta que debía entregarse a Peggy de parte de Tom, cae en las manos de la agria doncella de Agnes van Rhijn, que como sabemos no siente simpatía por la joven.

Este hecho hará que sea la misma Peggy la que cuente ese secreto tan terrible por el que no puede perdonar a su padre. Sin duda un duro hecho en su vida que es difícil de olvidar y que después de conocerlo entendemos perfectamente ese resentimiento que la joven siente por su progenitor. Una vez más veremos el cariño que Agnes siente por la joven, que voluntariamente abandonará la casa por no enfrentarse a la doncella chismosa.

Agnes (Christine Baranski) intentará convencer a Peggy, y nos mostrará su lado más humano. En una breve conversación veremos la admiración que siente por la joven a la que ve una luchadora con un carácter inquebrantable y a la que augura un éxito en sus proyectos. Todo esto hará que Peggy tenga que regresar a su hogar natal.

Y por último, aunque en realidad no es un secreto trágico (por lo menos de momento), hemos visto como Marian Brook ya ha tomado una decisión respecto a su relación con Tom. La joven no tiene ninguna duda y se muestra firme en seguir a su corazón afrontando los problemas que eso le causará. Todavía en un secreto, ya que solo Peggy conoce el deseo de Marian. Tendremos que esperar al próximo episodio, que será el último de la 1 temporada de La Edad Dorada, para ver si consigue dar el paso, o no.